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El pasado jueves 21 de abril tuvieron lugar las primeras #CañasUniversitarias de Principios en un local de la zona madrileña Argüelles. Como no podía ser de otra manera dado el perfil universitario al que iba dirigido el evento, el tema en cuestión giró en torno a la educación; en concreto al necesario Pacto Educativo, al Plan Bolonia y la universidad. Tuvimos la suerte de tener como ponentes a Pablo Gutiérrez de Cabiedes, catedrático de Derecho Procesal del CEU, y a Miguel Herrero, profesor titular acreditado de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid. Ambos dieron su opinión sobre la situación actual de la educación y sobre sus problemas y sus causas.

Comenzó hablando Pablo Gutiérrez de Cabiedes, haciendo un resumen sobre las causas que han llevado a la situación educativa actual. Habló sobre la importancia de que haya más responsabilidad y estabilidad política en cuanto a la educación se refiere, y sobre la necesidad de que cese el sectarismo educativo. Expresó la necesidad de apostar por una regeneración, de creer en el impacto que tiene la educación a la hora de mejorar a los ciudadanos y a las instituciones; además, hizo una reflexión sobre cuáles serían los “principios nucleares” de los que deberían gozar las instituciones educativas: la libertad, el respeto, la igualdad, el esfuerzo… así como la necesidad de que se den una serie de cambios en las universidades, como la reforma del sistema de elección del profesorado, adecuación y planificación de los planes de estudio, y una mayor especialización.

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Llegó el turno de Miguel Herrero, que comenzó explicando que no todos los problemas de la educación son culpa de la crisis. Puso como modelo de reforma el sistema educativo que se implantó en Madrid en 2008, ya que ayudó a los centros a tener acceso a una evaluación externa, a una mejor especialización y a guiarse por una política de motivación. Habló sobre el problema de la Formación Profesional y fue tajante al afirmar que no ve solución a su futuro, y opinaba que en las universidades sobra una gran cantidad de alumnos que estudian una carrera y no saben por qué. En cuanto al Plan Bolonia, no tuvo reparos en afirmar que se había quedado con lo peor de su predecesor: no ha cambiado el espíritu, tan solo la burocracia.

Al terminar, tuvo lugar el turno de preguntas por parte del público, todas ellas mostrando una gran inquietud por parte de los jóvenes y no tan jóvenes y un deseo determinante de cambio en pos de una educación mejor.

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