Análisis y posibles soluciones del problema catalán

Como continuación a nuestro editorial publicado el 9 de octubre, inauguramos una serie de artículos sobre la situación política y social en Cataluña que nos han hecho llegar varios miembros de Principios preocupados por el desarrollo de los acontecimientos.

No se trata, por tanto, de la opinión oficial de Principios, sino la de miembros y colaboradores a los que hemos querido ofrecer un espacio de opinión libre y plural, que es lo que defendemos en todos los ámbitos de la sociedad.

“No imagino un mejor español que un vasco o un catalán, aferrado a sus instituciones y tradiciones.”

A. Satué

 

En mi opinión, que llegáramos al 1 de octubre (consulta ilegal), o incluso al 10 de octubre (declaración de independencia), estando como telón de fondo una pretendida secesión de la Comunidad Autónoma de Cataluña, obedeció a varios factores que ayudaron a que se manifiestara un problema territorial, catalizador de otros problemas acaso más graves:

Lealtad institucional. El principal, la falta de lealtad institucional de los políticos, de Madrid y de Barcelona. Los primeros, no se han puesto de acuerdo en 40 años en las políticas de estado, y han acabado pactando con nacionalistas, configurando por la puerta de atrás el estado autonómico. Los segundos, han manipulado los sentimientos y la historia y la convivencia común de todos los españoles, tratando de crear naciones y estados a partir de un hecho diferencial que resulta insuficiente, a juicio de la mayoría, como para construir un país; pero generando un sentido de superioridad en muchos catalanes (y vascos…). Además, como se ha visto, la corrupción ha sido común en ambos lados.

Globalización y crisis. Nadie explica que el nacionalismo ha explotado los efectos de la globalización y la crisis económica y financiera, para echar la culpa a Madrid, por ejemplo, del copago farmacéutico. A las élites catalanas, viendo la pérdida de influencia en Madrid por la globalización y por estar España de facto intervenida por la Comisión europea, les ha interesado forzar la independencia para seguir controlando los dineros “catalanes”, rechazando toda solidaridad con otras partes de España. Por supuesto, nadie explica que dentro de la Unión Europea debería Cataluña contribuir en el futuro a países más atrasados, por el mismo principio de solidaridad y porque, en definitiva, somos personas y regiones interdependientes.

España. Es patente la ausencia de una visión o narrativa de lo que es España, y lo que debe ser España en la sociedad global, en la que las fronteras se difuminan y la soberanía se comparte con países, multinacionales y organismos globales. Cómo estar en los centros y cadenas de decisión mundial, debería ser una política de estado.

Sociedad civil. Hemos notado la carencia de una pujante sociedad civil, organizada en torno a asociaciones y fundaciones y siendo la existente adicta a la droga más dura de la política, el clientelismo y la subvención. Si la sociedad catalana era una mayoría silenciosa hasta el pasado 8 de octubre, día de la histórica manifestación a favor de la unidad, es porque ha sido silenciada antes, y esto es intolerable.

Reforma del estado. Ausencia de coraje en múltiples frentes para abordar este reto: 1. Para reformar la ley electoral, o al menos, para exigir un porcentaje de voto electoral a nivel nacional para entrar en el Parlamento; 2. Para regular de manera clara la financiación de partidos; 3. Para convertir el Senado en una cámara de representación territorial; 4. Para ordenar las competencias, retornado algunas al estado central (seguridad, sanidad, educación, justicia) y profundizando en otras a nivel regional; 5. Para hacer la segunda transición, hacia los municipios; 6. Para pasar de una democracia representativa a otra democracia total (que armonice representatividad y participación, y democracia directa); 7. Para poner el acento en la idea de comunidades y no en la de autonomía, al hablar de comunidades autónomas; 8. Para crear cuerpos nacionales de maestros, e incluso abrirlos a ciudadanos europeos; 9. Para terminar con la función pública vitalicia, por una contratación laboral, como en Europa; 10. Para reducir el número de CC.AA; 11. Para reformar el sistema de pensiones y hablar de que no nacen niños; para incluso, pensar en una cámara a modo de consejo de estado, pero de la sociedad civil, no vinculante…

El ciudadano. Hoy, el ciudadano busca certezas y seguridad, y hay que decirle que estas no existen. Si hay un Dios, serán suyas, pero que a pesar de esto, el hombre debe no tener miedo para ser libre. Libre de miedos y de prejuicios, abierto a la diferencia y a la unidad con otros distintos, a la búsqueda de empleo, a la creación de familias estables.

Populismo y nacionalismo. Son ideologías que arraigan del anhelo de todas las personas por un deseo infinito de felicidad y de justicia. Estas ideologías manipulan al hombre para fines que destrozan la paz y la libertad.

¿Qué soluciones me atrevo a esbozar? Creo, a diferencia de Ortega y Gasset, que debemos y podemos aspirar a mucho más que a la conllevanza de España con Cataluña, y de Cataluña con el resto; necesitamos con todo denuedo construir juntos. ¿El qué? Necesitamos construir España.

Si logramos avanzar en mitigar todos o algunos de los aspectos enunciados más arriba, creo que hay razones para la esperanza.

Cuando no prospere de derecho la declaración de independencia, el reto será que no lo haga de facto.

Hay que trabajar, ya, para gestionar la ira y la frustración de los españoles que no se sienten españoles, pues esta frustración acabará llegando a sus vidas concretas, a sus proyectos personales y familiares, y este escenario es un fracaso.

El siguiente reto es comprender que el populismo y los nacionalistas quieren, o al menos, necesitan del conflicto y la confrontación entre españoles, pues sus dirigentes adoran todo tipo de revuelta o revolución (acelerar el sistema hacia cambios sin consenso, o a lo mejor, confundiendo consenso con acuerdos bajo coacción). En este sentido, la revolución solo será posible si no estamos presentes en las vidas de los españoles, de los catalanes, como estado y como sociedad civil, creando y consolidando relaciones de amistad civil. No hay que abandonar jamás, como diría Curzio Malaparte que dijo Pio XI (nuncio Ratti en Polonia) a un diplomático inglés, cuando fue invadida Varsovia durante la II Guerra Mundial.

Por eso, crear campamentos escolares, un erasmus nacional, becas y proyectos, concursos y competiciones dentro de España, proyectos conjuntos mixtos, un servicio comunitario común, una presencia de la cultura española (en varios idiomas) a través de la radio y la TV…Todo irá en nuestra estabilidad futura. Al menos hay que fijar a España al 50% no nacionalista, con la esperanza de que en el futuro se acerquen al resto de españoles los nacionalistas secesionistas.

Y, ante la secesión, tenemos la bandera de la Unión Europea. Aquí es donde se dio y donde se da la reconciliación entre todos los pueblos y naciones de Europa, igual que nuestra bandera es la reconciliación de todos los españoles. Es posible que haya potencias extranjeras participando de uno u otro modo en esto de la secesión, y observando el resultado de todo este proceso, porque no solo se juega la unidad de España. La propia unidad del proyecto europeo puede peligrar, y con él, la paz, la justicia, la democracia y la libertad en el continente y en el mundo.

España es precisamente la superación de su propia geografía, idiomas y sangres originales. Como dijo Ortega, idioma y sangre son resultados de una previa unidad, su efecto, y no su causa, por paradójico que parezca. España es el condado de Castilla muriendo hacia el sur, mientras España nacía, feneciendo también en este proyecto los condados de Aragón y los condados catalanes. Todos necesarios para llegar hasta hoy. Lástima de aquel condado de Portugal, que por celos entre hermanas, hizo su propio camino.

Somos tan fuertes como nuestro eslabón más débil. Citando a Ortega de nuevo: “la salud de las democracias, cualesquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico”, que bien sabrán los seguidores de la serie norteamericana de política House of Cards o Scandal. “El procedimiento electoral”. Y otro de mi cosecha, propprio marte, la forma de hacer las leyes.

Cuando se ponen las instituciones al servicio de la ideología, y no al servicio del hombre, como ha sucedido al modificar el parlamento autonómico la forma de aprobar las leyes y de organizar consultas ilegales, y hacer declaraciones de otros tiempos, deviene el estado totalitario.

Empero, no imagino un mejor español que un vasco o un catalán, aferrado a sus instituciones y tradiciones. Este apego, si es inclusivo, y no excluyente, es necesario para adentrarse en el futuro. Semper Hispania. Semper Europa.

A. Satué

10 de octubre de 2017 

 

A. Satué  es miembro de Principios, y escribe este artículo de opinión sobre la situación política y social en Cataluña, a raíz del editorial publicado el pasado 9 de octubre de 2017 por Principios: “UNA REVOLUCIÓN  “DEMÓCRATA”, UN PAÍS EN VILO

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