PAPA en la ONU

Francisco en la ONU y las 10 propuestas de Principios

 

El Papa ha hablado en la ONU a los jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, y lo ha hecho desarrollando la idea de la “cultura del descarte”, sus causas y sus soluciones. Ofrecemos algunos pasajes seleccionados del discurso, que pueden servir de referencia para comprender nuestras 10 propuestas -muchas de las cuales giran en torno al concepto de descarte– y ver cómo se relacionan entre sí.

 

Durante esta semana se reunirán en la ONU jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, en número nunca visto, para la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Como es sabido, la inauguración ha corrido de manos del Papa Francisco, en medio de su visita a Estados Unidos.

A lo largo de su discurso, muy aplaudido por todos los presentes, el Papa ha abordado muchos temas: desde la necesaria reforma de la ONU, hasta la lucha contra el tráfico de armas y el desmantelamiento de los arsenales nucleares. Pero el tema central era la sostenibilidad ecológica de nuestra economía, que recientemente fue objeto de toda una Encíclica (Laudato Si).

Por eso ha ocupado un lugar central en su discurso la reflexión en torno a la cultura del descarte y la necesidad de fundamentar un orden social inclusivo y respetuoso del medio ambiente en el respeto a la naturaleza.

La movilización ciudadana que Principios promueve tiene como uno de sus principales objetivos la búsqueda de soluciones políticas y sociales a esta cultura del descarte, a la que se refieren de un modo u otro nuestras propuestas 5 a 10. Por eso hemos prestado especial atención a este discurso y queremos ofrecer aquí algunos extractos, señalando el sorprendente paralelismo con nuestras propuestas y todo el trabajo que estamos realizando desde la sociedad civil para que estas cuestiones constituyan el centro del debate político.

 

¿Qué es la cultura del descarte?

El concepto fundamental del discurso del Papa ha sido la “cultura del descarte”. En Principios también usamos este enmarcado de las cuestiones sociales, en un sentido muy similar al del Papa, como ha quedado demostrado en esta ocasión. Bajo este rótulo se comprende la conexión entre dos procesos paralelos: el deterioro del ambiente y el descarte socio económico e incluso político, en un proceso que margina progresivamente a los menos capacitados.

“El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes (discapacitados) o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben sufrir injustamente las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada «cultura del descarte»”.

 

El fundamento de la Reconstitución

“No hay que perder de vista, en ningún momento, que la acción política y económica, solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un concepto perenne de justicia y que no pierde de vista en ningún momento que, antes y más allá de los planes y programas, hay mujeres y hombres concretos, iguales a los gobernantes, que viven, luchan y sufren, y que muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho”.

El otro concepto fundamental de las propuestas de Principios es el de reconstitución, que hemos vuelto a explicar recientemente. El Papa, como es lógico, no se ha referido a esta idea ni a la situación política española. Sin embargo, como acabamos de leer, también aplica el concepto de descarte a la política, pues en este campo también sucede que algunos quedan injustamente excluidos de la capacidad de decisión. Esta perspectiva, y su énfasis en el respeto al Derecho y el servicio al bien común en ejercicio de la prudencia y la justicia, es la que está detrás de nuestras propuestas. Y, aunque en contextos diferentes, podemos encontrar referencias a los principios que subyacen a ellas:

 

Separación de poderes (Propuesta 1)

“En este contexto, cabe recordar que la limitación del poder es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales. La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder. El panorama mundial hoy nos presenta, sin embargo, muchos falsos derechos, y –a la vez– grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder:  el ambiente natural y el vasto mundo de mujeres y hombres excluidos”.

 

Representatividad de las instituciones y los partidos (Propuestas 2 y 3)

“Tal comprensión y respeto exigen un grado superior de sabiduría, que acepte la trascendencia, la de uno mismo, renuncie a la construcción de una elite omnipotente, y comprenda que el sentido pleno de la vida singular y colectiva se da en el servicio abnegado de los demás y en el uso prudente y respetuoso de la creación para el bien común”.

 

Reforma de la administración, para hacerla más justa y efectiva (Propuesta 4)

La definición clásica de justicia a que aludí anteriormente contiene como elemento esencial una voluntad constante y perpetua: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi. El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado”.

 

Familia e integración social (Propuestas 5 y 6)

“Al mismo tiempo, los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Este mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad del de espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y todos los otros derechos cívicos”.

 

Despolitización de la Educación (Propuesta 7)

“Esto supone y exige el derecho a la educación –también para las niñas, excluidas en algunas partes–, que se asegura en primer lugar respetando y reforzando el derecho primario de las familias a educar, y el derecho de las Iglesias y de las agrupaciones sociales a sostener y colaborar con las familias en la formación de sus hijas e hijos. La educación, así concebida, es la base para la realización de la Agenda 2030 y para recuperar el ambiente”.

 

Dignidad de la vida humana y maternidad (Propuestas 8 y 9)

“Por todo esto, la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad del espíritu y educación. Al mismo tiempo, estos pilares del desarrollo humano integral tienen un fundamento común, que es el derecho a la vida y, más en general, lo que podríamos llamar el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana”.

“Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer (cf. Laudato si’, 155), y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones (cf. ibíd., 123; 136)”.

 

Una nueva cultura de la sociedad civil (Propuesta 10)

“El desarrollo humano integral y el pleno ejercicio de la dignidad humana no pueden ser impuestos. Deben ser edificados y desplegados por cada uno, por cada familia, en comunión con los demás hombres y en una justa relación con todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana –amigos, comunidades, aldeas y municipios, escuelas, empresas y sindicatos, provincias, naciones–”.

 

Ecología y cultura del descarte (Propuesta 11 incluida posteriormente en este post)

“La casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal  y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística. La casa común de todos los hombres debe también edificarse sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada”.

 

Compromiso con procesos a largo plazo

Por último, podemos decir con orgullo que quienes participamos en Principios seguimos la llamada del Papa al compromiso con la puesta en marcha de procesos (sin obsesionarse con espacios de poder, como suele explicar y dijo en el Congreso el día anterior). Y eso estamos haciendo: trabajar desde la sociedad civil de modo creativo, pensando en el largo plazo, sin impaciencias, pero con un compromiso muy concreto hoy y ahora.

“El tiempo presente nos invita a privilegiar acciones que generen dinamismos nuevos en la sociedad hasta que fructifiquen en importantes y positivos acontecimientos históricos (cf. Evangelii gaudium, 223). No podemos permitirnos postergar «algunas agendas» para el futuro. El futuro nos pide decisiones críticas y globales de cara a los conflictos mundiales que aumentan el número de excluidos y necesitados.”

Discurso completo del Papa Francisco en la ONU

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