representación política

Estudiar la reforma de las normas jurídicas que permitan mejorar la representatividad de los parlamentarios, así como su libertad de acción y su capacidad de control al gobierno

Uno de los principales deberes de todo sistema político democrático es garantizar una participación real y efectiva de los ciudadanos en la comunidad en la que viven.

La participación política se instrumenta, fundamentalmente, a través de la representación. Para que la representación sea real y eficaz es necesario que exista una comunicación y transparencia, además de información para que pueda haber una relación directa entre representado y representante en el procedimiento de elección, de forma que el primero pueda exigir al segundo responsabilidades por su actuación. Por otro lado, es necesaria una transparencia total sobre la actuación del representante para que el ciudadano pueda conocer, controlar y valorar la coherencia de la actuación de su representante.

Sin la existencia de una verdadera representación política se produce el descarte de los ciudadanos de a pie, cuyas inquietudes, necesidades y problemas no son tenidas en cuenta por sus gobernantes.

 

La representación política en España

En España se ha producido un deterioro grave de la representación política. La mayoría de los españoles se sienten descartados por el sistema político, por sus representantes y por sus gobernantes.

La causa principal de este descarte deriva de la conversión de la democracia española en una partitocracia. No existen apenas cauces de representación política al margen de los partidos políticos. La existencia de listas cerradas hace que la designación y elección del representante político no corresponda a los ciudadanos a los que representa, sino a la cúpula de los propios partidos, que en nuestro país pecan de falta de democracia interna. Se crea entonces una clara dependencia entre representante y partido, de cara a la subsistencia, cuando el binomio debiera ser representante-electorado. La disciplina de partido y la frecuente imposición de voto por los partidos vulnera, muchas veces, la prohibición constitucional del mandato imperativo. La libertad de voto debe existir en temas de grandes decisiones políticas y de concienca y encontrar el punto de equilibrio con una necesaria gobernabilidad.

El sistema electoral proporcional y la fórmula utilizada (D´Hondt) favorecen, además, que la partitocracia se convierta en bipartidismo, al castigar excesivamente opciones minoritarias que tienen serias dificultades de representación política, ya que sus votos no se traducen eficazmente en escaños. El sacrificio de los partidos no mayoritarios se hace en aras de una mayor estabilidad y gobernabilidad, lo que indudablemente ha dado sus frutos. En cualquier caso, no podemos ignorar que las distintas opciones de cálculo son metodologías complejas, que conllevan cada una sus problemas. En un tema que requiere reflexión y prudencia.

Finalmente, la iniciativa legislativa popular, cauce por el cual los ciudadanos podrían hacer oír su voz al margen de los partidos políticos, no ha logrado una acción popular real y efectiva, lo que favorece el monopolio de los partidos políticos y la perpetuación de la partitocracia. Pero quizá aquí estemos hablando más de un problema de conseguir que los diputados hagan suyas estas propuestas ciudadanas y no tanto de que el sistema sea ineficiente técnicamente.

 

Principios para la acción

La reconstitución de la representación política podría plantearse a través de medidas como las siguientes:

• Profundizar en la división de poderes: en la propuesta sobre la justicia se planteaban fórmulas para su despolitización. Sin embargo, la reconstitución de la división de poderes exige también profundizar en la separación entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Cierto es que la interrelación entre ambos evita la parálisis que se puede llegar a producir en sistemas con separación completa de estos poderes (como el americano). Pero una unión excesiva lleva a que el poder legislativo sea un mero instrumento al servicio del poder ejecutivo, de forma que ni cumple con su función de representación real de los ciudadanos, ni con su función de control a la labor del ejecutivo. Quizá estemos, sobre todo, ante un problema de cultura política.

• Devolver el poder real al electorado (para elegir, para exigir responsabilidades): es imprescindible una reforma del sistema electoral de forma que el ciudadano tenga verdadera libertad de elección de sus representantes. El sistema de listas cerradas concede todo el poder a la dirección de los partidos a la hora de determinar quiénes serán los representantes de los ciudadanos, negando al elector la posibilidad de elegir a su representante y de influir sobre él o exigirle responsabilidades.

• Dar voz en la representación política a la sociedad civil: en nuestro sistema político la representación está prácticamente monopolizada por los partidos políticos. Sin embargo, los afectados por la acción del poder ejecutivo y legislativo (instituciones, corporaciones, empresas o asociaciones) tienen escasa participación y protagonismo en la tramitación de las leyes que configurarán su vida. Es necesario explorar cauces para que la voz y voto de la sociedad civil esté presente en la tramitación y aprobación de las leyes. La sociedad civil debe desarrollar su capacidad de convertirse en interlocutor cualificado para ejercer su derecho de participación en los periodos intermedios y los representantes electos deben valorar esa contribución. Una regulación realista sobre este tema sería muy necesaria.

 

Algunas propuestas de Principios para el debate

Para profundizar en la división de poderes

• Limitación del uso de los Decretos Leyes a supuestos de excepcionalidad y urgencia reales, evitando así que el ejecutivo impida a los representantes políticos su labor de control y fiscalización. Existe jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre el tema, con lo cual debemos exigir su cumplimiento al Gobierno.

• Diferenciar la composición del poder ejecutivo y del poder legislativo: impedir que miembros del poder legislativo sean, salvo casos justificados, miembros del ejecutivo, de la administración o de órganos de control.

• Sistema efectivo de control parlamentario o hearing de los cargos políticos propuestos para la Administración del Estado, que garantice la idoneidad del candidato y un filtro a la discrecionalidad del Ejecutivo.

Para devolver el poder real al electorado

Existen diversas opciones de cara a modificar el sistema de listas cerradas.

– Cabría cambiar a un sistema mixto con la inclusión de circunscripciones uninominales, lo cual dotaría de mayor representatividad al sistema, ya que los ciudadanos tendrían un representante al que dirigirse en relación con sus necesidades concretas y al mismo tiempo se respetaría el sistema de partidos.

– Plantear un sistema de listas abiertas a nivel local, donde suele haber mayor cercanía entre electorado y representantes.

• Transparencia e información sobre la actuación del diputado o senador, de forma que el elector pueda conocer su actuación a la hora de decidir sobre su elección (una valoración del desempeño).

Para dar voz a la sociedad civil

• Reforzar la regulación de los mecanismos de participación de actores económicos y sociales interesados, en varias fases del proceso legislativo.

Estas son algunas de las propuestas de Principios para mejorar -y sobre todo recuperar- la representación política de los ciudadanos, como pieza clave para la regeneración del sistema democrático. Esta regeneración pasa igualmente por el compromiso de los partidos de instaurar la democracia interna dentro de sus elecciones de candidatos y propuestas. Pero este tema será objeto de otro artículo que publicáremos próximamente.

Haznos llegar tus propuestas para el debate a publicaciones@somosprincipios.com

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